JIRONES DE NUESTRA HISTORIA
DESDE EL IRLANDÉS QUE EN 1642 PROCLAMÓ LA INDEPENDENCIA DE MÉXICO, AL BATALLÓN DE SAN PATRICIO EN 1847. DOS HISTORIAS QUE UNIERON A DOS PAÍSES
Por: José Luis JARAMILLO VELA
De no creerse, pero Hidalgo no fue el primero
DELICIAS CHIH.- Los héroes de nuestra Patria, si, “Los héroes que nos dieron Patria y Libertad”, como dice el protocolo de la Ceremonia del Grito de Independencia, esos héroes de carne y hueso que nuestra historia oficial protege de manera por demás celosa, cual madre protegiendo a su bebé; esos héroes que nuestra historia nos presenta como seres impolutos, sin pecados y casi sagrados, como si no hubiesen sido seres humanos con virtudes, defectos y pecados; como máximo ejemplo se nos presenta a la figura del Cura Miguel Hidalgo y Costilla, quien para ser honestos, era más pecador que beato; a ese hombre, los mexicanos todos, lo reconocemos como nuestro máximo héroe nacional, porque inició, lidereó y postuló las bases del Movimiento Insurgente que nos liberó de la potestad de la Corona Española.
Sin embargo, la historia tiene otro lado, uno que nunca se nos ha contado, precisamente por eso, por el enorme celo con que la Historia Oficial protege a nuestros héroes y está bien que lo haga, nunca nadie los va a bajar de ese pedestal, todos los mexicanos los reconocemos y los admiramos; pero tampoco se deben ocultar ni arrumbar en los confines de los archivos, datos que indican que en 1642, es decir, 168 años antes de que surgiera el Movimiento Insurgente, hubo otro hombre que proclamó y exigió la independencia de la Nueva España; ese hombre fue un irlandés que exigió la libertad de la Nueva España y por ese motivo fue perseguido, encarcelado y quemado vivo; veamos quien fue y su historia.

El irlandés
William Lamport nació en Wexford, Irlanda en 1611, fue un escritor, poeta, revolucionario y aventurero irlandés; muy joven emigró hacia España, en donde estudió en el Colegio de San Patricio de la Universidad de Salamanca, ahí aprendió matemáticas, gramática y retórica, de la cual se convirtió en un maestro. Luego se enrola en el Ejército, formando parte del agrupamiento de Los Gansos Salvajes, en donde sobresalió durante las batallas de Nordinglen y Fuenterrabia; en estas sobresalientes batallas, Lamport llama la atención de Don Gaspar de Guzmán, Conde y Duque de Olivares, un poderoso noble y político con quien hace una muy buena amistad; William Lamport adopta la nacionalidad española, modificando su nombre a Guillén de Lampart, como sería conocido durante su tiempo en España.
Como buen católico irlandés, se establece en Santiago de Compostela, en donde el Conde-Duque de Olivares lo nombra asesor principal y Primer Espadachín de su séquito y lo entrena en el arte del espionaje de la época; también lo introduce en la Corte de Palacio del Rey Felipe IV, de quien el Conde de Olivares era su principal asesor; de esa manera Lampart escaló y se hizo de prestigio dentro de los entretelones palaciegos, siempre bajo la protección de su patrón el Conde de Olivares.
En 1640, William Lamport o Guillén de Lampart se embarca y llega a la Nueva España como miembro de la comitiva del nuevo Virrey, Don Diego López de Pacheco y Portugal; Lampart había sido incluido en la Corte del nuevo Virrey debido a las influencias de su amigo el Conde-Duque de Olivares, quien como todo hombre poderoso, en todos los lugares tenía su red de informantes que lo mantenían bien enterado de la actualidad política del Reino y de la Nueva España; así es que además de su trabajo en la Corte Virreinal, Lampart venía también en calidad de espía e informante de su amigo el Conde-Duque de Olivares, quien le encargó la misión de reportarle todo lo concerniente a las autoridades y la política del Virreinato de la Nueva España.
Al llegar a la Nueva España, Lampart modificó de nuevo su nombre y aquí adoptó el de Guillermo de Lombardo; al formar parte del gobierno virreinal, Lombardo pronto se dio cuenta del alto grado de corrupción imperante en las autoridades de la Nueva España, incluido el Virrey; también constató por sí mismo las injusticias cometidas contra las personas más pobres y el bestial trato a esclavos africanos y el sometimiento de las etnias nativas; por si fuera poco, comprueba también el sufrimiento de las “castas”, que era un sistema que la Monarquía Española instauró en España, basado en la estratificación de los grupos y clases sociales; este método de castas, estaba enfocado principalmente en mantener un “estatuto de pureza de sangre”, que debería asegurar primero, que la nobleza mantuviera siempre el poder en el Reino y segundo, evitar que los judíos y los árabes tuvieran acceso no solo al poder, sino evitar que ascendieran socialmente y prosperaran económicamente en el Reino, todo esto basado en la discriminación, puesto que a los españoles nativos si tenían acceso a prosperar, pero judíos y árabes no.
Este mismo sistema de castas lo implantaron en la Nueva España y territorios conquistados; la encargada de organizar estas castas era ni más ni menos que la terrible y temible Santa Inquisición, también conocida como El Santo Oficio y estaba organizado de tal modo que solo el Virrey, su Corte y la nobleza que el Rey designara, tenían acceso a los cargos de poder y gobierno; los españoles peninsulares y europeos de clase alta tendrían acceso a formar la clase adinerada; los criollos y europeos no adinerados formarían la clase media y de ahí para abajo venía una salvaje discriminación, injusticias y vejaciones hacia las etnias nativas, los esclavos y sus descendencias, ellos no tenían derecho a ascender en la sociedad; toda esta discriminación y bestialidad, auspiciada, controlada y dirigida por la Santa Inquisición.
Cuando Guillermo de Lombardo observa todo esto, entristece y se rehúsa a formar parte de esta bien elaborada maquinaria de injusticia social; surgen su espíritu de libertad y el revolucionario que traía adentro, entonces le pierde la lealtad y el respeto a la Corona Española, informa de todo esto a su patrón el Conde-Duque de Olivares, quien le da la total libertad de renunciar a su cargo en el Virreinato, a cambio de seguir informándole todo. Claro está que Guillermo de Lombardo no le mencionó al Conde-Duque de Olivares acerca de sus intenciones libertarias.
El plan de Guillermo de Lombardo para liberar a la Nueva España
En 1642, Lampart se fue a vivir a Michoacán, en donde comenzó a urdir su plan libertario, comenzó por escribir el “Pregón de los Juicios Justos de Dios”, un documento en donde expone la brutalidad y la barbarie cometida contra las castas más bajas de la Nueva España; luego escribe su proclama de libertad a la que tituló “Proclama Insurreccional para la Nueva España”, en la que propone la emancipación y libertad de los indios nativos y los esclavos africanos, prohibiendo la esclavitud, eliminando las castas y permitiendo que todo hombre libre, en base a su esfuerzo personal pudiera tener la posibilidad de crecer y prosperar en esta nueva sociedad.
Para la segunda parte de su plan, Lampart se las ingenió y logró falsificar un documento que lo haría pasar como hijo ilegítimo del Rey Felipe III, no reconocido y repudiado por este, con la intención de victimizarse y ganar adeptos entre los criollos, los indios y los esclavos para así iniciar su movimiento de independencia. Como tercera etapa de su plan, establecía que una vez lograda la independencia y gracias a sus relaciones en Europa, los primeros en reconocer al nuevo país independiente serían Irlanda, Francia, Portugal y Holanda (actual Países Bajos).
Pero, ¿cómo lo iba a lograr?, nadie conocía su plan ni tenía ningún adepto, hasta el momento todo estaba solo en papel y en secreto; existe un refrán que dice que “cuando no quieras que nadie se entere de algo, ni siquiera lo pienses” ; mientras que otro refrán dice que “santo que no es visto, no es venerado”, por lo que Lampart comprendió que era hora de salir del anonimato y comenzar a crear una estructura que le generara seguidores a su causa, seguidores que seguramente iba a tener, pero fue traicionado.
El plan de Lampart estaba proyectado para estallar en 1643, para ello necesitaba una base de insurrectos, así es que acudió con el Capitán Felipe Méndez del Ejército Realista, quien también tenía ideas de libertad, pero resultó que el Capitán Méndez al final lo asaltó el temor y decidió denunciar a Lampart ante la Santa Inquisición; el 26 de octubre de 1642, Lampart es llevado ante el Tribunal del Santo Oficio, en donde así nomás porque sí, fue encontrado culpable de “hechicería” y de tener “pactos con el Diablo”. Al ser registrada su casa, le fueron confiscados todos sus escritos, manifiestos y proclamas.
El asunto de Lampart fue hasta el Consejo de Indias en Madrid, en donde se le recomendó a la Santa Inquisición encarcelar a Lampart de por vida. Después de ocho años de cautiverio, Lampart huye de la prisión, hizo varias copias de su proclama y las clavo a las afueras de la Catedral y los edificios públicos de la Ciudad de México; luego se fue al pueblo de San Lorenzo de los Negros (actual Yanga, Veracruz) en donde intentó levantar a todos los negros y esclavos del pueblo, sin embargo, ahí mismo fue arrestado por el Ejército Realista y la Santa Inquisición; Lampart fue devuelto a prisión en la Ciudad de México.
Todavía volvió a escaparse de prisión, siendo localizado un día después; a pesar de que la sentencia de Lampart indicaba cárcel de por vida, la Santa Inquisición ya no se la pensó más y el 19 de noviembre de 1659, Lampart es quemado vivo en la hoguera, como se hacía con los herejes, protestantes y todos aquellos que estaban y actuaban en contra de la religión católica.
Así terminó William Lamport, Guillén de Lampart o Guillermo de Lombardo, el irlandés quien en 1642 fue el primero en proclamar la independencia de la Nueva España sin éxito; todo esto sucedió 168 años antes de que lo volviera a hacer el Cura Miguel Hidalgo y Costilla.
Segunda historia: El Batallón de San Patricio
Esta otra historia terminó por unir más a estos dos países, México e Irlanda, este hecho sucedió a partir de 1846 durante la Guerra México – Estados Unidos; estos eran soldados irlandeses que dejaron a su país debido a las injusticias sociales y religiosas de la Corona Británica hacia su pueblo, pues Irlanda era un país profundamente católico, que se había negado a aceptar a la Iglesia Anglicana, luego de que el Rey Enrique VIII rompiera con el Vaticano y la Iglesia Católica al negarse el Papa Clemente VII a anular su matrimonio con Catalina de Aragón; entonces el Rey Enrique VIII se autoproclama como máxima autoridad de la nueva Iglesia Anglicana, ahí es donde Irlanda decide conservar su acendrado catolicismo, provocando el acoso de la Corona Británica, muchos irlandeses huyeron de su país y se vinieron a América, a pelear por la independencia de Estados Unidos; estos soldados irlandeses eran muy buenos y muy bravos en combate, pero también acá sufrían las burlas y el acoso de los soldados estadounidenses debido a su religión católica.
El Ejército de Estados Unidos decidió ubicar a todos los irlandese que se enlistaban en sus fuerzas, en una sola unidad militar para que estuvieran todos juntos; con el tiempo, esa unidad de irlandeses dentro del ejército estadounidense se fue especializando en artillería, la unidad militar más especializada en los ejércitos de aquella época; en 1846, Estados Unidos decide invadir a México, dentro de sus filas venían los irlandeses bajo el mando del Capitán John O´Reilly, quien les había dado el nombre de “Batallón de San Patricio”, en honor al Santo Patrono de Irlanda y les había diseñado una bandera que portaban orgullosos al frente de su unidad, una bandera en color verde con una especie de lira o arpa de origen celta llamada “cruit”, con una guirnalda de tréboles dorados, con la leyenda “Erin Go Bragh” (“Irlanda Por Siempre”).
El Batallón de San Patricio rompe con Taylor y pasa a defender a México
En 1846, el Batallón de San Patricio cruza el Río Bravo, invadiendo a México bajo las órdenes del General Zachary Taylor, antes de tomar la ciudad de Monterrey, el General Taylor se dirige al Capitán John O´Reilly y su Batallón para decirles que su estado mayor y gran parte de las tropas estadounidenses desconfían de ellos por motivos religiosos, ya que por su arraigado catolicismo los consideran más cercanos a Roma que a Washington y por lo tanto, pensaban que en su corazón y en su ánimo estaban más cercanos a los mexicanos al compartir la misma religión; esto fue una bofetada, fue un insulto que ni O´Reilly ni sus soldados esperaban recibir de su General; siempre los aguerridos irlandeses pelearon con toda lealtad a Estados Unidos y ahora, a unas cuantas horas de tomar Monterrey recibían este insulto grosero.
El Capitán John O´Reilly enfureció y le reclamó al General Taylor tantos años de lealtad irlandesa para recibir desconfianza, le manifiesta que el Batallón de San Patricio se retira del Ejército de Estados Unidos por lo mismo, por no confiar en ellos; según algunas crónicas, O´Reilly furioso, de un certero sablazo hace un tajo en la bandera estadounidense en señal de rompimiento, para proceder a retirarse con sus 700 soldados.
El Batallón de San Patricio se une al Ejército Mexicano en la Batalla de Monterrey
Al separarse de los estadounidenses, el Capitán John O´Reilly y los irlandeses son puestos en calidad de desertores por el General Taylor; entran en contacto con la población y con las tropas mexicanas; muy pronto se les unen los irlandeses residentes en México, Richard Burke, Thomas Donaley, John Hynes, Patrick Maloney, Peter O´Brien, Thomas O´Connor y el inglés John Wilton; así como los militares mexicanos de carrera, Teniente Coronel Fancisco Schiaffino, los Mayores Rosendo Moreno y José María Calderón, así como el Capitán Ignacio Álvarez y los tenientes Casimiro Arce, Ramón Bachelor y Camilo Manzano; estos militares mexicanos los llevaron a Monterrey, en donde se pusieron a las órdenes de los Generales Pedro Ampudia y Antonio Canales Rosillo, encargados de la defensa de Monterrey, quienes los recibieron con beneplácito.
El 21 de septiembre de 1846, el Geneal Zachary Taylor ataca a la Ciudad de Monterrey, de inmediato Taylor y sus tropas resienten la poderosa artillería mexicana y no tardan en darse cuenta de que están siendo apoyados por el Batallón de San Patricio; la Batalla de Monterrey dura tres días, en los que los irlandeses fueron de gran ayuda, defendieron la ciudad como si fuera suya; el día 23 por la tarde, el Capitán John O´Reilly le dice a los Generales Ampudia y Canales que ven señales de que la victoria está cerca y que Taylor tocará retirada y así fue, Taylor ordena a su artillería un ataque masivo a las tropas mexicanas para cubrir la retirada estadounidense; O´Reilly les dice que así ataca Taylor para cubrir su retirada, pero el General Pedro Ampudia, ante lo masivo del ataque ordena izar la bandera blanca de rendición, por lo que un desconcertado Taylor se regresa y toma la ciudad de Monterrey, un muy costoso error militar del General Pedro Ampudia.
Batalla de La Angostura, los irlandeses defienden Saltillo, pero Santa Anna entrega la ciudad
En plena Batalla de Monterrey, Taylor se entera de que viene el General Santa Anna, entonces envía una columna a Saltillo para tratar de frenarlo; terminada la Batalla de Monterrey, se trasladan todos a La Angostura, a unos 10 km al sur de Saltillo, para librar la Batalla de la Angostura, en donde nuevamente vuelven a lucir los irlandeses del Batallón de San Patricio; ahí el Capitán John O´Reilly conoce a Santa Anna, de quien ya sabía que había entregado Texas a cambio de su libertad y de no ser fusilado; con esos antecedentes y con lo aceitoso y megalómano que era Santa Anna, a O´Reilly y los irlandeses no les causó buena impresión el Presidente de México.
A pesar de que Santa Anna puso a la artillería mexicana bajo las órdenes de O´Reilly, este no lo consideró como su jefe inmediato, sino que se puso a las órdenes del General Antonio Canales Rosillo, con quien se entendió muy bien; por la noche, el General Santa Anna ordena reunión de su Estado Mayor, compuesto por los Generales Tomás Mejía, Pedro Ampudia, Antonio Canales Rosillo, Manuel María Lombardini y el Capitán John O´Reilly, quien le recamó fuerte al General Ampudia la rendición de Monterrey cuando Taylor ya estaba en retirada; expuso también que esta batalla estaban a punto de ganarla porque conocía muy bien los movimientos y reacciones de Taylor cuando no estaba en control de la batalla y sugirió hacer un último esfuerzo al día siguiente.
Pero el día siguiente no llegó, esa misma noche Santa Anna de manera inexplicable ordenó la retirada, de repente el General Zachary Taylor se encontraba con otro regalo justo cuando estaba comprometida su situación y ahora Santa Anna le entregaba Saltillo y nadie sabía por qué. Santa Anna alegó falta de alimento y munición para las tropas, además de que se sentía en inferioridad numérica, cuando en realidad contaba con seis mil soldados más que los estadounidenses. O´Reilly y los irlandeses quedaron decepcionados de Santa Anna por completo.
Batalla de Churubusco, fin del Batallón de San Patricio, nunca se rindieron
Esta fue la batalla más sangrienta durante la guerra México – Estados Unidos, los irlandeses del Batallón de San Patricio bajo las órdenes de los Generales Pedro María Anaya y Joaquín Manuel Rincón, vuelven a lucir en batalla; distribuyeron muy bien su artillería e hicieron una valiente defensa de Churubusco, a las afueras de la Ciudad de México frente a las tropas del General Winfield Scott, quien con un ejército más numeroso pudo derrotar a los mexicanos, quienes tuvieron que capitular; el General Pedro María Anaya tenía casi siete mil bajas entre muertos y heridos, decidió rendirse antes que seguir perdiendo vidas.
El General Winfield Scott comprobó que, de los 93 prisioneros de guerra enemigos, 72 eran irlandeses del Batallón de San Patricio, a quienes el ejército estadounidense había puesto en su lista de desertores, por lo que Scott decidió separarlos del resto de los prisioneros. El 12 de septiembre de 1847, los 72 irlandeses del Batallón de San Patricio hechos prisioneros de guerra, fueron colgados y exhibidos públicamente a manera de escarmiento por parte del ejército gringo. Varios historiadores coinciden en señalar que la bravura con la que los irlandeses del Batallón de San Patricio defendieron a México, que les ganó el cariño del pueblo mexicano, más el enojo popular por esta ejecución pública masiva, creen que todo esto junto haya sido el motivo para levantar a los Léperos de la Ciudad de México y provocar la Rebelión de los Léperos.
Los sobrevivientes del Batallón de San Patricio se dispersaron, los Capitanes John O´Reilly y Santiago O´Leary resultaron heridos y fueron hechos prisioneros mas no fueron ejecutados, a ambos, Winfield Scott les marcó la mejilla con una “D” de desertor; el Comandante John O´Reilly fue liberado en 1848, se nacionalizó mexicano y murió el 10 de octubre de 1850 en el Puerto de Veracruz.
El Legado de William Lampart y el Legado del Batallón de San Patricio en México
+ Entre los documentos encontrados a Lampart por la Santa Inquisición se encontró también un plan para liberar a Irlanda del yugo de la Corona Británica, titulado “Propuesta para la Liberación de Irlanda”.
+ El lema oficial de la República Francesa “Libertad, Igualdad y Fraternidad”, en realidad pertenece a William Lampart; estaba en su plan de libertad, fueron apropiados por Camile Desmoulins y Maximilien de Robespierre.
+ Todos los documentos de Lampart y la Proclama de Independencia de la Nueva España, se encuentran resguardados en la Biblioteca Central de la UNAM y en la Biblioteca Cervantina del Instituto Tecnológico de Monterrey, Campus Monterrey.
+ William Lamport, Guillén de Lampart o Guillermo de Lombardo fue la inspiración para el personaje ficticio de “El Zorro”.
+ En lo que respecta al Comandante John O´Reilly y el Batallón de San Patricio, el Gobierno Mexicano y la Historia Oficial Mexicana los consideran Héroes de la Patria y su nombre está inscrito en letras de oro en el Muro de Honor a los Héroes de la Patria en el Palacio Legislativo de San Lázaro, Cámara de Diputados.
+ En la Plaza San Jacinto en San Ángel, CDMX, se encuentra el busto al Comandante John O´Reilly, así como una placa con los nombres de los 72 soldados irlandeses que fueron colgados por el General Winfield Scott; en dicho lugar, cada 17 de marzo, Día de San Patricio, la Secretaría de Relaciones Exteriores, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Embajada de Irlanda en México les rinden homenaje; mientras que ahí mismo, cada 12 de septiembre, aniversario de las ejecuciones, el Ejército Mexicano en ceremonia militar rinde homenaje a estos heroicos irlandeses; en contraparte, en esas mismas fechas, pero en Irlanda, el Gobierno Irlandés, Las Fuerzas de Defensa de la República de Irlanda y la Embajada de México en Irlanda, les rinden los mismos honores y homenajes. En el Ex Convento de Churubusco se encuentra otra placa con los nombres de los 72 soldados irlandeses ejecutados.
+ México e Irlanda establecieron relaciones diplomáticas en 1975, sin embargo, la relación afectiva entre estos dos países data de 1640, en que ambos países se hermanan a través de su profunda fé católica. Las relaciones comerciales México – Irlanda han ido creciendo, actualmente existen treinta empresas irlandesas en México, los principales receptores de inversión irlandesa son Chihuahua, CDMX y Baja California; mientras que el principal inversionista mexicano en Irlanda es la Casa José Cuervo, que posee varias destilerías de whisky en aquel país.
+ En el año 2006, la aerolínea irlandesa Ryan Air compró el 49% de las acciones de la aerolínea mexicana Viva Aerobús, en el año 2016, Viva Aerobús se recapitaliza y compra ese 49% de acciones para convertirse en una empresa 100% mexicana.
Continuamos en el mes de la Patria… ¡¡Viva México!!
Referencias Bibliográficas:
+ www.museocasadelrisco.org.mx
+ memoriapoliticademexico.org
+ mexicoescultura.com
+ ireland.ie/mexico
+ familylambert.net
+ mexicodesconocido.com.mx
+ mxc.com.mx
+ historia.com
+ macroeconomía.com.mx

