TAL VEZ, COMO el viejo adagio de “nadie sabe para quién trabaja”, nos daría luz sobre a la virtual llegada de director de Derecho Luis Rivera Campos, a la Rectoría de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACh).
Y es que el rector interino, Jesús Villalobos Jión y el abogado general de la UACh, Maro Trevizo Salazar, hicieron lo posible para tomar el control y apoderarse de la Máxima Casa de Estudios, más o menos como el depuesto rector, Luis Fierro; lo peor, sin correr cortesías a la gobernadora del Estado María Eugenia Campos Galván.
La cerrazón y hasta prepotencia de ambos, lo llevó a la confrontación, lo que le dejó en claro a los universitarios, sobre todo a los directores, que con Villalobos y Trevizo, las cosas continuarían igual o peor que con Fierro.
El rector llegó a cubrir un interinato el restante del sexenio de Fierro, pero sólo se encapsuló; supuso que estaría siete años al frente de la Universidad, pero no negoció ni acordó nada, amén de que no llamó a cuentas al exrector y un grupo de funcionarios que fueron señalados, como corruptos.
Villalobos Jión quien despacha (aún) en Rectoría, creyó también que, era él y solamente él. Le cerró la puerta a los enviados de Palacio de Gobierno, a los directores y a sus propios funcionarios.
Eso motivo el distanciamiento con Mario Trevizo; llegó a Rectoría con muchas posibilidades de ser titular; pero se le diluyeron con la extradición a Chihuahua del exgobernador César Duarte Jáquez, quien vino a refrescar la memoria de muchos, al igual que las lluvias de agosto, incluyendo la de la gobernadora.
Esos quehaceres e inacciones llevaron a Rivera Campos a la Rectoría, más la recomendación de del exprocurador federal, Antonio Lozano Gracia, abogado principal en la defensa de Maru en contra la persecución del exgobernador Javier Corral Jurado.
Lo del apellido (Campos), es decir, su parentesco con la mandataria, ya es lo de menos. Ayer el virtual rector, recibió en su facultad el apoyo mayoritario del Consejo Universitario.
El lunes -si no se cambia- se elegirá de entre una terna que sólo es protocolaria al próximo Rector, en donde aporte de Luis Rivera, aparece el director de Medicina Carlos Hinojos y la directora de Ciencias Agrícolas Lorena Licón
YA QUE ANDAMOS en imposiciones, este miércoles sesiona el Pleno del Congreso del Estado para elegir la próxima mesa directiva, en donde si no hay sorpresas la Presidencia será para la expriísta-morenista, Adriana Terrazas Porras.
Como se dice en el argot futbolero, su resultado y asenso dependerá sólo de ella, veamos el por qué.
De acuerdo con la propuesta de la Junta de Coordinación Parlamentaria (Jucopo), Terrazas Porras tendría 21 votos, sumados los de PRI, PAN y Movimiento Ciudadano, por lo menos eso fue el acuerdo.
Por lo tanto, requeriría de uno más para alcanzar los 22 que constitucionalmente se requieren para la designación de la nueva mesa directiva. Significa por lo tanto que, con su propio voto alcanzaría la Presidencia.
La complicación viene por el posicionamiento de su fracción legislatura, en donde por ahora, se ha dicho que su propia compañera no tendría los votos de Morena y por consiguientes, ni los del palero Partido del Trabajo; si alguien por ahí (fuera de los morenos) se abstiene o se enferma y no asiste, no llegaría Adriana.
Claro que si algún morenista decide decantarse por Terrazas Porras, en la teoría no tendría ningún problema.
Por otra parte aunque la expriísta buscó ser la candidata de su fracción para buscar la Presidencia, al cierre de la edición de este medio, no tenía una definición en el sentido sostenerse como la propuesta de la Jocopo o declinar para mantenerse en sólido con su fracción que buscaba que el diputado, Benjamín Carrera Chávez, fuera el ungido.
Veremos qué sucede este día; si Terrazas Porras, bien se puede llevar toda la semana en propuestas y más propuestas hasta que lleguen a una mesa directiva ideal y consensuada.
NO ESTABAMOS muy alejados de la hipótesis cuando afirmamos que el empate técnico entre el delegado de Bienestar, Juan Carlos Loera de la Rosa y el alcalde de Ciudad Juárez, en la elección el Consejo y dirigencia estatal de Morena, fue fruto de un encontronazo de trenes y no por acuerdos y/o negociaciones.
Desde que se abrió la elección para las citadas elecciones en Morena, ambos se dieron con todo por debajo, arriba y a los lados de la mesa, de hecho desde antes, por lo que es totalmente descartable que se haya llegado a una “democrática” negociación.
Se sustenta por lo tanto que sostienen un enfrentamiento duro y duradero; que sólo mostraron músculo o parte de él, en este empate técnico, en donde Loera colocó a su sobrina Brigitte Granados de la Rosa, en la dirigencia estatal; Pérez Cuéllar al exdiputado Hugo González en la Presidencia del Consejo estatal y al incomprendido Omar Holguín, en la Secretaría General del CDE morenista.
Parece un empate técnico y en dicho del alcalde de la ciudad fronteriza, es un equilibrio de fuerzas en donde Loera de la Rosa, ha quedado como un “fanfarrón y fantoche”, así lo dijo, que consté.


