Por Fray Fernando
CHIHUAHUA CHIH.- Conversando con mi hijo Fernando en torno a que cada vez crece la idea de algunos jóvenes de abandonar los estudios universitarios desde la idea de que es mejor integrarse al mercado laboral con estudios incompletos, al fin y al cabo, la Inteligencia Artificial les dará los conocimientos requeridos para su trabajo, surgen los siguientes comentarios:
En Chihuahua, miles de jóvenes atraviesan diariamente las puertas de una escuela cargando algo más que libros y teléfonos celulares. Llevan consigo la incertidumbre sobre el futuro, alimentada desde las redes sociales— de que estudiar quizá ya no sirva para gran cosa.
Mientras sus profesores intentan enseñarles lo mejor de las ciencias, desde la pantalla del teléfono reciben un mensaje mucho más seductor: abandona la escuela, conviértete en influencer, comercia con criptomonedas, aprende a vender por internet y hazte millonario antes de cumplir los dieciocho años.
Es la nueva pedagogía del dinero fácil y el fenómeno resulta particularmente preocupante en Chihuahua, un estado atravesado por profundas desigualdades. No viven la misma realidad los estudiantes de la capital que los adolescentes de Ciudad Juárez, Guachochi, Guadalupe y Calvo, Madera, Ojinaga o las comunidades rurales de la Sierra Tarahumara. Para muchos jóvenes, permanecer en la escuela significa recorrer grandes distancias, enfrentar carencias tecnológicas, trabajar para ayudar a la familia o estudiar en condiciones marcadas por la pobreza y la inseguridad.
En ese contexto aparece el gurú digital vestido con ropa de marca, sentado frente a un automóvil de lujo o hablando desde algún edificio de Dubái. Asegura que la escuela es una pérdida de tiempo y que solamente los ingenuos esperan terminar una carrera para prosperar. Su mensaje encuentra terreno fértil entre muchachos que observan cómo sus padres trabajan largas jornadas sin conseguir estabilidad económica. La estafa no consiste únicamente en venderles un curso, una fórmula financiera o una supuesta oportunidad de inversión. El daño más profundo consiste en convencerlos de que el conocimiento carece de valor.
Sin embargo, Chihuahua conoce desde hace décadas la importancia de la educación como instrumento de transformación social. Las normales rurales, las escuelas públicas y los maestros que recorrieron las comunidades más apartadas hicieron de la enseñanza una forma de emancipación. En pueblos donde apenas había caminos, la escuela representaba una ventana hacia el mundo. El maestro no solamente enseñaba a leer: organizaba bibliotecas, orientaba a las familias y ayudaba a que los campesinos comprendieran sus derechos.
Ahora esa vieja aspiración enfrenta un adversario invisible y permanente: el algoritmo.
No hace falta que una autoridad cierre las escuelas cuando una maquinaria digital puede convencer a los alumnos de abandonarlas. Tampoco es necesario prohibir los libros si se consigue que leer parezca aburrido, inútil y anticuado. La ignorancia contemporánea no siempre se impone por la fuerza; algunas veces llega envuelta en videos breves, frases motivacionales y promesas de riqueza inmediata.
El problema no son las tecnologías ni las legítimas aspiraciones de prosperidad. Tampoco debe condenarse a quien utiliza las redes para crear, aprender o trabajar. Lo cuestionable es el negocio construido sobre la ansiedad juvenil: personajes que presumen fortunas difíciles de comprobar y aseguran que cualquiera puede imitarlos si compra su curso, sigue su método o deposita dinero en determinada plataforma.
El mensaje es perverso porque responsabiliza al joven de su eventual fracaso. Si no se hizo rico fue porque no tuvo suficiente audacia, no porque la promesa fuera falsa.
Frente a esta realidad, los gobiernos, los municipios, las instituciones educativas y las familias no pueden limitarse a decomisar teléfonos o bloquear aplicaciones. Chihuahua necesita una política de alfabetización digital que enseñe a distinguir entre información y propaganda, inversión y fraude, éxito verdadero y ostentación fabricada.
También necesita devolverle sentido a la escuela. Un joven debe comprender que estudiar no garantiza automáticamente riqueza ni empleo, pero sí proporciona herramientas para pensar, defenderse, decidir y no convertirse en presa fácil de charlatanes. La comprensión lectora, la memoria, la capacidad crítica y los conocimientos científicos continúan siendo formas concretas de libertad.
A los jóvenes chihuahuenses habría que decirles con claridad: desconfíen de quien les asegure que saber menos los hará más libres. Generalmente, detrás de esa promesa existe alguien que espera enriquecerse precisamente gracias a lo que ustedes todavía no saben.

