Por Luis SILVA GARCÍA
CD. JUÁREZ.- Desde hace algunos años se ha venido apercibiendo en nuestro país la progresión de varios fenómenos que, en conjunto, desembocan en una segmentación que resulta análoga a la lucha de clases que definía Carlos Marx, o a los odios entre pares que censura cualquier religión o filosofía que se considere digna.
Por un lado pesa, y muchísimo, el grave descuido en el sistema educativo mexicano, que se precipita en barranca hacia un abismo desde hace casi cien años y no parece que haya propósito de poner freno a dicha debacle.
Las escuelas normales tricolores, donde estudian los maestros, son de las que ostentan los peores niveles en el concierto internacional, y esto se mantiene así desde hace al menos 50 años, de tal forma que si a los maestros no se les desarrolla convenientemente y no se les siembran valores y principios sólidos, pues ¿cómo podemos esperar que vayan a enseñar con calidad en la aulas?. Nadie puede dar lo que no posee.
El sistema escolar local si llega a producir técnicos que logran excelentes resultados, y por ello la mano de obra mexicana tiene prestigio. El problema consiste en que en la educación, desde la tierna edad, al mexicano no se le enseña a pensar, no se le entrena para razonar, para analizar y juzgar con calidad.
Pero este andar –desde el “cuerno de la abundancia” que se presumió en la épocas doradas del priísmo, hasta la alternancia democrática que ostentaron panistas y perredistas, y ahora el aterrizaje un el esquema morenista, donde lo que “rifa y manda” son la presunción, la corrupción, el vandalismo y el crimen organizado–, no parece que sea una casualidad.
Este es un capitulo de nuestra historia que arroja ganadores, que acarrea acumulación de dividendos para algunos y, lógico, pérdida y desesperanza para muchos más. El sistema gana y el pueblo pierde y, para continuar en el mismo tono la mejor base son la ignorancia y la miseria. Ya lo dijo AMLO: es lo más conveniente y no se mueva nadie para que todo siga igual.
Y en esa perspectiva surge la división y odios entre aquellos que se consideran de uno u otro color e ideología, contra aquellos que no estén de acuerdo con lo que imaginan su conveniencia. Y entonces vienen los furibundos ataques y descalificaciones.
Lo lamentable es que esas personas con escasos recursos y sin educación sólida van al frente de las protestas, como carne de cañón, sin saber a donde acuden o por cual causa, solamente porque los 500 pesos que les ofrecieron son un recurso valioso en su situación de pobreza.
Y detrás de esos odios están los intereses que llaman a sus fuerzas a salir a la calle a mostrar “punch” ahora que se acerca la contienda electoral de 2027, pero ello no justifica el uso de maniobras de manipulación y recursos públicos para sostener ideas que ni siquiera aparecen solidas, sino más con un peso propagandístico.
Es lamentable que Morena llamé a sus fuerzas a una protesta callejera contra la gobernadora panista de Chihuahua Maru Campos, por la intervención de agentes estadounidenses en operativos de seguridad en territorio del estado, cuando el incidente ni siquiera ha sido adecuadamente analizado y procesado como dictan los procedimientos jurídicos de ambos países. Han sido puros dimes y diretes.
Pero igualmente atroz es la actitud del gobierno de estado que no escatima en el uso de maniobras y recursos, que le otorgan el estar ahora en el poder, para intentar bloquear los movimientos que sus rivales pretendían en esta protesta publica.
Es el enfrentamiento de las fuerzas políticas, que intentan jalar agua a su molino y conservar el poder para sus negocios particulares, antes que ponderar el servicio público, así como la administración y desarrollo de los recursos del territorio, encargo que se hace oficialmente a las autoridades cuando se les elige en su tarea, pero que parece que esta responsabilidad ha pasado al olvido.
Lo que importa ahora es denostar al rival, desprestigiar al que se pueda cruzar en el camino, en una guerra de reclamos, en la aplicación de cualquier recurso sin importar la legalidad. Ya a nadie asusta ni importa lo que dice la ley; esta es letra muerta ante la imposición de intereses grupales, de ideas y de acciones muchas veces conectadas al mismo crimen organizado.
Así andan las desviaciones y ahora en la realidad de nuestras comunidades se le llega a tener mas “respeto” al narquillo que al policía, y es muy entendible cuando la gente se entera que el narquillo paga el sueldo del policía; triste realidad.
Lo verdaderamente frustrante es encontrar el acendrado odio entre las gentes, es esas personas que tienen sus valores y que integran la raza de bronce que el mestizaje ha germinado en este México, que posee orgullo y grandes virtudes, mismas que se esconden tras el coraje que desarrollan las fuerzas políticas y que no conduce a nada de beneficio a la comunidad.
Los políticos lanzan sus eslogan todos los días en los medios de comunicación que, o son suyos o los tienen comprados, para dejar un mensaje de supuesta supremacía que lleva implícita la descalificación del que no piensa o no opina igual que yo.
Si yo me considero de una tendencia o de un color, ya juzgo que los que no están de acuerdo conmigo están descalificados, pues me han hecho creer que soy depositario absoluto de la verdad y debo odiar al enemigo.
En el pensamiento humano no hay enemigos, solo hay diferencias, y estas son indispensables para el análisis y la reflexión que llevan al crecimiento y a la madurez de las de las personas. Pero se requiere tranquilidad, templanza, humildad y cierto afecto por el ser humano, por el congénere, para comprender que aunque no seamos iguales ni pensemos como el otro, algo podemos aportar y algo podemos aprender en el camino de evolución.
Hoy en México, en la mayoría de los casos, la política muestra una tendencia involutiva, contraria a los principios humanos básicos, a los logros que se han sumado en la historia de la convivencia mundial.
En la política nuestra lo que menos vale es el ser humano. Se ha podrido por completo el concepto y se ha desviado para beneficio de grupos y particulares. Lo que menos importa es el pueblo que los eligió y las necesidades que existen.
Ya lo vemos claro en sus acciones, solamente pagar con recursos públicos una publicidad que a pocos importa pero que alguien les convenció de que es “muy importante” para su imagen; y hacer negocios para enriquecerse.
De verdad, no hay ni a quien irle.

