EL PARTIDO del Trabajo entró en una zona de turbulencia luego de la decisión de Morena de colocar a Andrea Chávez Treviño como defensora de la Cuarta Transformación y futura candidata a la Alcaldía de Ciudad Juárez.
El asunto se complica todavía más porque el PT no solamente tiene que decidir qué hará frente a Cruz Pérez Cuéllar, sino que además enfrenta su propia división interna entre las hermanas que controlan la marca política en Chihuahua.
Lilia Aguilar había dejado claro que el respaldo del PT sería total para Andrea Chávez en la búsqueda de la gubernatura, pero esa candidatura finalmente terminó en manos de Cruz. Y para rematar, el supuesto combo que se venía cocinando para Ciudad Juárez -Andrea para la gubernatura y Lilia para la Alcaldía- también quedó desbaratado.
Ahora viene la parte interesante: ¿el PT reconocerá a Cruz Pérez Cuéllar o mantendrá la amenaza de romper con Morena? Y, sobre todo, ¿qué hará Lilia Aguilar? Puede mantener su respaldo a Andrea rumbo a la Alcaldía juarense o sostener la posición de ruptura que había anticipado en caso de que la senadora con licencia no fuera designada para la gubernatura.
La respuesta tampoco depende solamente de Lilia. Su hermana, la diputada local América Aguilar, juega en otra cancha y forma parte del proyecto de Cruz Pérez Cuéllar, precisamente el personaje que dejó fuera de la contienda estatal a Andrea Chávez. Dos hermanas, dos proyectos y un mismo partido. Nada sencillo para el PT.
Por ahora habrá que dejar que avance la carreta y esperar a que las calabazas terminen por acomodarse solas.
Aunque, tratándose del Partido del Trabajo, tampoco hace falta ser adivino: el PT suele virar hacia donde está el poder, y en esta ocasión difícilmente será la excepción. Falta saber cuánto cuesta políticamente ese viraje.
POR CIERTO, el que anda echando chispas es el exdirigente estatal y fundador de Morena, Martín Chaparro, quien se quedó fuera de la contienda por la coordinación estatal de la Defensa de la Cuarta Transformación.
El llamado “profe” no se guardó nada y lanzó un fuerte reclamo contra la dirigencia nacional de Morena por las designaciones de Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, a las que calificó, en los hechos, como decisiones de vil dedazo.
Chaparro sostiene que Cruz no ganó las encuestas y cuestiona todavía más el caso de Andrea, porque -según su señalamiento- fue designada cuando ni siquiera existía una convocatoria ni una metodología clara para medir a los aspirantes. Para el exdirigente, se violaron los estatutos y los principios que dieron origen a Morena, aquel partido que prometía no mentir, no robar y no traicionar.
Y aquí está lo interesante: el reclamo de Chaparro no parece ser una voz aislada. Coincide con otros grupos y militantes de Morena que desde hace tiempo vienen cuestionando que los espacios de poder terminen en manos de “los arribistas”, mientras las bases del partido quedan reducidas a mirar cómo se toman las decisiones desde las alturas.
El fundador morenista acusa simulación y falta de transparencia y, de paso, deja una comparación bastante incómoda para su propio partido: Morena, dice, terminó haciendo lo mismo -o peor- que aquello que durante años criticó de los partidos tradicionales. La vieja política con nuevo logotipo, pues.
Y FINALMENTE, la gobernadora María Eugenia Campos confirmó que en los próximos días comenzarán a darse movimientos dentro de su gabinete, principalmente por las renuncias de quienes buscarán participar en el proceso electoral de 2027.
Hasta ahora, entre los nombres que aparecen en la primera lista está el secretario general de Gobierno, Santiago de la Peña, quien mantiene la intención de buscar la candidatura a la Alcaldía de Chihuahua, así como el secretario de Hacienda, José Granillo, quien tendría puesta la mira en una candidatura a diputación.
También está Fernanda Martínez, directora del Instituto Chihuahuense de la Juventud, quien buscaría dar el siguiente paso hacia una regiduría o una diputación local.
Pero todo indica que la lista todavía no está cerrada. A estos nombres podrían sumarse otros funcionarios de primer nivel y colaboradores de distintas áreas que terminarán incorporándose a los equipos políticos de quienes ya comenzaron a mover sus piezas.
El proceso electoral apenas empieza a tomar velocidad y el gabinete estatal será uno de los primeros lugares donde se notará. Las renuncias serán apenas la señal visible de un reacomodo mucho más amplio, porque detrás de cada salida habrá un proyecto político, una candidatura en juego y, desde luego, la necesidad de comenzar a construir equipo antes de que los tiempos legales obliguen a todos a dejar de jugar a las escondidas.
