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JDNH: Entrevista Diaz-Creelman, Porfirio se pone la soga en el cuello

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JIRONES DE NUESTRA HISTORIA

ENTREVISTA DÍAZ – CREELMAN; PORFIRIO DÍAZ SE PONE LA SOGA EN EL CUELLO. LA REVOLUCIÓN QUE SE PUDO EVITAR.

Por José Luis JARAMILLO VELA

El entorno

DELICIAS CHIH.- Era el año de 1907, el Presidente de México, General Porfirio Díaz Mori tenía ya 28 años en el poder, es verdad que había puesto a México en el plano internacional como un país moderno, abierto a la inversión extranjera y local, con una moneda muy fuerte, a la par del dólar estadounidense, lo que las hacía dos de las divisas más fuertes del mundo, ese mundo que veía y percibía a Porfirio Díaz como un presidente visionario y comprometido a poner a su país a la vanguardia en todos los sectores y en todos los aspectos; ello debido a que Díaz tenía un afán por la modernidad, inspirada en su amistad con los Presidentes de Francia Luis Napoleón Bonaparte, Félix Fauré, Armand du Failliers y  Emile Loubett; así como con el Kaiser Wilhelm II, Emperador de Todas las Alemanias y Rey de Prusia, y con el Príncipe de Prusia, Bernhard von Bülow.

A pesar de que Porfirio tenía una verdadera obsesión por la modernidad, pues no había un solo avance tecnológico o científico que no estuviera viendo ya el cómo traerlo e implementarlo en  nuestro país, a pesar de todo ello, también se había producido una enorme grieta social en México, una enorme división entre los muy ricos y los muy pobres, no existía realmente una clase media fuerte y sólida, a la que los pobres pudieran aspirar a alcanzar y que quienes ya estuvieran ahí, pudiesen aspirar a los niveles de éxito; esa grieta social se estaba haciendo cada vez más grande y ya comenzaban a surgir brotes de inconformidad en varios puntos del país, así como grupos de obreros, mineros, campesinos y algunas uniones y sindicatos que tibiamente comenzaban a exigir mejores condiciones de vida.

Del tamaño y nivel de las protestas, era el tamaño de la represión, porque uno de los grandes defectos del gobierno de Porfirio Díaz era que muy pocas veces estaba dispuesto al diálogo y a negociar y eso precisamente lo hacía caer en un gobierno represivo, de cuya actitud comenzaba a fastidiarse el pueblo mexicano.

Preocupación exterior

Porfirio Díaz había llevado una buena relación con los Presidentes estadounidenses Benjamín Harrison, William McKinley, Grover Cleveland, Theodore Roosevelt y William Howard Taft, sin embargo, al Gobierno de Estados Unidos le comenzaban a preocupar tres factores: primero, la relación extremadamente amistosa de Porfirio Díaz con los líderes de las potencias como Francia, Alemania y Prusia (los tres, enemigos de Estados Unidos); segundo, el creciente acercamiento de Díaz con la Corona Británica y con el Rey Eduardo VII, situación que le abrió la puerta a la inversión británica en México, algo que no les hizo mucha gracia a los gringos; y tercero, el incremento en los niveles de inconformidad social en México, que Porfirio parecía no mirar, pero que en Estados Unidos la tenían muy bien monitoreada.

Todo esto fue abriendo en la agenda del gobierno estadounidense la idea de que tal vez Porfirio Díaz ya resultaba anacrónico y que México necesitaba ya de un gobierno democrático, así que pusieron manos a la obra.

Theodore Roosevelt, William Randolph Hearst y James Creelman

No obstante, la política de puertas abiertas a la inversión extranjera y a la modernidad, los círculos del poder político y económico de Estados Unidos comenzaban a ver a Porfirio más como un estorbo que como un aliado y se pusieron a buscar la manera de cómo deshacerse de él. El Presidente Theodore Roosevelt pensó debilitar a Porfirio a través de la poderosa prensa estadounidense y para ello acudió a su amigo, el multimillonario magnate de la prensa y los medios de comunicación William Randolph Hearst, quien de inmediato pensó en James Creelman, un periodista de guerra que trabajaba para la Pearson´s Magazine, publicación londinense de circulación mundial perteneciente al imperio de Hearst.

Creelman era un extraordinario periodista y Hearst lo sabía, solo que, al ser enviado siempre a cubrir las guerras, eso lo limitaba para destacar en otras facetas del periodismo; Creelman tenía dos cualidades claves en un periodista, era muy incisivo y perspicaz, buscaba como hacer hablar al entrevistado y también se comprometía al máximo con la asignación que se le confiaba. Hearst le ordena a Creelman hacer una serie de reportajes sobre Porfirio Díaz, sin exaltarlo ni alabarlo demasiado ni a él ni a su gobierno.

Y Porfirio Díaz mordió el anzuelo, Hearst le envió como regalo a Porfirio las ediciones con su figura y Porfirio al verse y saberse publicado en todo el mundo quedó embelesado; entonces Hearst le dice que le va a enviar a Creelman para que le haga una entrevista exclusiva y para que, si así lo dispone, lo tome como su biógrafo oficial; Díaz aceptó gustoso, había mordido el anzuelo.

Se prepara la entrevista

Desde luego que la entrevista por sí sola no pretendía tumbar a Porfirio, ésta era tan solo el inicio de un plan para desestabilizar al gobierno de Díaz; por su parte, el periodista James Creelman tenía la instrucción precisa de Hearst de acicatear lo más posible a Porfirio, hacerlo hablar de toda la problemática que aqueja a México y muy en especial, hacerlo hablar sobre su salida, sobre el fin de su gobierno. Queda claro también que el Presidente Theodore Roosevelt había acudido a Randolph Hearst no solo como magnate de la comunicación, sabía muy bien que la familia Hearst tenía intereses en México, poseían la Hacienda Babícora, un inmenso complejo agrícola y ganadero de 650 mil hectáreas en el Estado de Chihuahua, paradójicamente, justo dentro de los límites de esa hacienda se gestó la Revolución Mexicana; posteriormente Roosevelt sumaría al magnate minero Cornell Greene, quien poseía en México la inagotable mina de Cananea, en el Estado de Sonora.

El 27 de noviembre de 1907, el magnate William Randolph Hearst y el periodista James Creelman Dunwoodie acuden a la Embajada de México en Washington para hacer la petición formal para la entrevista al Presidente Porfirio Díaz (misma que ya estaba pactada); el Embajador Enrique Creel Cuilty hace los trámites necesarios para que Creelman pueda ingresar a México, en donde fue recibido por José Yves Limantour y Marquet, el hombre fuerte dentro del gabinete porfirista.

Entrevista Porfirio Díaz – James Creelman

En enero de 1908 llega a México el periodista James Creelman, es recibido por el Secretario de Relaciones Exteriores Ignacio Mariscal y por el Secretario de Hacienda José Yves Limantour, quien era el hombre fuerte del gabinete porfirista; desde luego que la instrucción era atender al periodista a cuerpo de rey, mimarlo en lo absoluto y llevarlo a recorrer los más bonitos y mejores lugares de la Ciudad de México, con la finalidad de enamorar al visitante, colmarlo de atenciones y que viera y percibiera a Porfirio como un gran Presidente, tratando de esconder los aspectos en que no era conveniente que se fijara el periodista.

Porfirio Díaz no era un presidente que le gustara dar entrevistas, él difundía las obras de su gobierno a través de comunicados de cada una de las dependencias y sus respectivos titulares, quienes sí daban entrevistas; por las tardes Porfirio acostumbraba pasear por la Alameda Central con su esposa Doña Carmen Romero Rubio, acompañado por su sobrino el General Félix Díaz, Jefe del Estado Mayor Presidencial y dos hombres a prudente distancia; en esos paseos, a Porfirio se le acercaban ciudadanos a exponerle alguna problemática o con alguna solicitud o petición y los atendía muy bien, sin embargo cuando se acercaban los periodistas, después de saludarlos cortésmente les decía: “muchachos, ya saben que yo no doy entrevistas, si ya conocen el camino, ¿para qué vienen conmigo?”, si era mucha la insistencia, hacía un ademán y se acercaban los guardias.

Para la famosa entrevista, Porfirio había elegido el Castillo de Chapultepec, lugar desde donde se podían apreciar los volcanes y gran pare de la Ciudad de México; aunque no se sabe exactamente la fecha de esta entrevista, sí se sabe que fue en los primeros días del mes de febrero de 1908, la importancia y la expectación que había creado esta entrevista, radicaba en el hecho de que Porfirio Díaz nunca daba entrevistas; ese día el periodista James Creelman llegó al Castillo de Chapultepec, el Presidente Díaz le acompañó en un recorrido en el que veía a un Creelman emocionado con lo que estaba viendo, y es que el Castillo de Chapultepec es un lugar realmente hermoso y el impacto que causó en Creelman fue deslumbrante.

Después de ser presentados por Limantour, de los saludos y el recorrido, pasaron a un salón en donde cómodamente sentados frente a un ventanal panorámico que permitía una fastuosa vista de los volcanes, así como del bullicio de la Ciudad de México, ambos personajes se dispusieron para la cita a la que habían llegado ahí, uno para preguntar y el otro para responder. Ambos, entrevistado y entrevistador quedaron completamente solos, listos para la entrevista, ambos se dieron perfecta cuenta del nerviosismo del otro; entonces Creelman para romper no solo el hielo, sino la evidente tensión que veía en Porfirio, le confiesa: “Disculpe usted Señor Presidente Díaz mi nerviosismo, nunca en mi carrera había entrevistado a un líder de talla mundial”, entonces Don Porfirio, serio, erguido y gallardo como sólo él podía serlo, pero complacido con el halago le responde: “Quien debe disculparme es usted Míster Creelman, yo también estoy nervioso pues no estoy acostumbrado a dar entrevistas, pero estoy a sus órdenes”…. Se había roto el hielo entre ambos y allanado el camino.

Los dos, elegantemente vestidos para la cita, para ambos era muy importante el momento; para James Creelman era la oportunidad de saltar a la fama mundial del periodismo y para Porfirio Díaz representaba el momento de erigirse como un gran estadista en el mundo. Ambos personajes habían optado por seguir una estrategia durante la entrevista; la estrategia de Creelman era la de mostrarse un poco adulador y consentidor con Porfirio, sin caer en la zalamería e intercalar preguntas intrascendentes y rutinarias, con preguntas de más contenido y de repente soltar una pregunta de fondo, bien matizada y envuelta en la fina seda de la manipulación e ir manejando de esa manera la entrevista.

Por su parte, Porfirio, que había sido asesorado por periodistas afines a su régimen, había trazado su estrategia en base a hablar de los logros de su régimen durante los 28 años de gobierno, no exaltarse ni enfadarse en ningún momento de la entrevista, ser amable, cortés y caballeroso sin que pareciera congraciarse con el otro y también de ser necesario, de la manera más fina deshacerse de alguna pregunta incómoda. Y así, de esta manera comenzó la entrevista Díaz – Creelman, que así con ese nombre pasó a la historia, no solo de México, sino del periodismo mundial.

Creelman preguntaba y anotaba en su libreta y de vez en cuando hacía una pregunta de apariencia casual, pero calculada, como “Señor Presidente, esos hermosos volcanes que vemos, ¿están activos?”, preguntas intrascendentes pero que llevaban el oficio periodístico de bajar la guardia de Porfirio, para inmediatamente retomar tema con alguna pregunta de fondo y por su parte Don Porfirio se extendía bastante cuando Creelman lo dejaba hacer alarde de sus logros de gobierno, que la verdad eran muchos; también en un momento determinado, Creelman observó a lo lejos lo que de manera evidente era una marcha de protesta contra Díaz e hizo una simple observación preguntando inocentemente “Señor Presidente, ¿qué será aquel tumulto de gente?”, Díaz entendió que Creelman había divisado una manifestación y hábilmente responde que “Sabrá usted Míster Creelman que en la tarea de gobernar se toman decisiones que a algunos no les gustan, pero son en beneficio de la mayoría y tienen su derecho de manifestarse también”

Aunque Porfirio nunca sospechó que la entrevista iba con el fin de desestabilizar a su gobierno, sin embargo, hubo tres preguntas cuyas respuestas terminarían por sellar su destino y cambiarían el rumbo del porfiriato y la historia de México para siempre.

¿Qué dijo Porfirio que terminó por sentenciar su gobierno?

El año de 1908 bien pudo haber pasado como un año más en el calendario porfirista, la entrevista de Porfirio Díaz al periodista James Creelman, publicada en marzo de 1908 por la revista Pearson´s Magazine y distribuida en todo el mundo, fue traducida al español y publicada en México por los periódicos “El imparcial”, “La Iberia”, “El Diario del Hogar” y “La Patria de México”, por lo que dicha entrevista terminó por desestabilizar al gobierno porfirista, cumpliendo eficazmente con el plan trazado por el Presidente Theodore Roosevelt y William Randolph Hearst.

Creelman tituló la entrevista como “El Héroe de las Américas”, perfilando una postura de franca zalamería hacia el Presidente Díaz, citándolo como el “El Lider del Mundo”, “El Hombre que levantó a México”… y así, con una serie de elogios francamente descabellados, que evidenciaban alguna de dos cosas: o Creelman realmente fue cautivado y atrapado por la recia e imponente personalidad del General Díaz, o fue la manera de encubrir las verdaderas intenciones de la entrevista. Durante buena parte de la entrevista, Díaz la aprovechó para hacer una muy amplia justificación no solo de sus logros, que sí fueron muchos, pero también aprovechó para justificar la dictadura y sus métodos; Díaz mencionó que algunos le llaman dictadura, pero él la describe como “Una política patriarcal basada en restringir las tendencias populares”; luego en otra parte dice que: “Gané la presidencia por medio del Ejército, pero luego gané una elección, por lo tanto mi poder y mi gobierno emanan del pueblo, pero no he querido dejarlo, sería irresponsable arrojar el poder a las masas, el país se habría descarrilado”; otra declaración: “Tengo tantos amigos y seguidores en toda la República, que mis enemigos no se atreven siquiera a manifestarse”.

Hábilmente, Creelman fue llevando a Porfirio hacia el tema de la política dura y el tema electoral y Porfirio entró en la jaula sin darse cuenta, entonces Creelman con sutiles preguntas lo hace caer tres veces:

La primera: Creelman, “Señor Presidente Díaz, ¿sabía usted que en Estados Unidos tenemos graves problemas al no poder elegir al mismo Presidente por más de tres períodos?, Díaz responde: “He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar a sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas… creo que finalmente ese día ha llegado”. Con esta declaración, Díaz reconoce que México y los mexicanos estaban ya preparados para la democracia.

La segunda: Creelman “Pero, Señor Presidente, ¿cómo se construiría la democracia si no existe oposición, cómo podría florecer esa oposición, acaso con sus enemigos?”, entre otras cosas, Porfirio responde a la pregunta con la frase que terminaría por sentenciar a su gobierno y al porfiriato: “No importa qué digan mis amigos ni mis enemigos, me retiraré cuando termine el presente período y no volveré a gobernar jamás”. Porfirio terminaba su período en 1910, de manera increíble estaba anunciando su retiro para 1910.

La tercera: Creelman no daba crédito a lo que estaba escuchando, así que trató de que Porfirio reafirmara lo que le estaba diciendo; Porfirio le responde: “No solo eso, le doy la bienvenida a cualquier partido de oposición en la República Mexicana, si aparece lo consideraré como una bendición, no como un mal; y si llega a hacerse fuerte, no para explotar, sino para gobernar, lo apoyaré, lo sostendré y le aconsejaré y me olvidaré de mí mismo en la victoriosa inauguración de un gobierno completamente democrático en mi país”; con esta declaración, Porfirio Díaz abre las puertas para que la oposición saliera de la clandestinidad y compitiera legalmente por gobernar.

Estas declaraciones de Porfirio Díaz encendieron el caldero político nacional y avivaron de esperanza el entusiasmo popular y de los grupos opositores por una verdadera competencia democrática, aunque el período presidencial terminaba en 1910, aún faltaban dos años, sin embargo, algunos se prepararon para elecciones estatales y municipales, pero ….

Demagogia y la simulación

En el ambiente político nacional y en la vida ciudadana del país había un fervor y una efervescencia que nunca se había experimentado, por fin México iba a elegir a sus gobernantes a través del voto directo de sus ciudadanos, el entusiasmo que se palpaba en todos los Estados y Municipios del país hasta en los más recónditos lugares florecía de manera espontánea y no era para menos; todo pintaba de maravilla para el país, excepto por una sola cosa, habían creído en Porfirio Díaz.

El primer indicio de que todo había sido una gran mentira sucedió ese mismo año de 1908, cuando semanas después de publicada la entrevista, el periodismo mexicano trató de reunirse con el Presidente Díaz para plantear los procedimientos de la nueva democracia mexicana; para ello, todos los diarios de la Ciudad de México nombraron a un solo periodista que los representara a todos ante Porfirio y quien hablaría en nombre de todos, el elegido fue el periodista Filomeno Mata, director del “Diario del Hogar”; Filomeno solicita audiencia y Don Porfirio se negó a recibirlo. Este fue el primer indicio de la falsedad y la simulación de Porfirio Díaz.

El segundo indicio, éste con más claridad, se da cuando brinca el primer aspirante a suceder a Porfirio, en la figura del General Bernardo Reyes Ogazón, Gobernador de Nuevo León, quien propiamente no se auto proclamó, sino que grupos de simpatizantes pusieron su nombre en el escenario político nacional como su preferido para ser el próximo presidente. La respuesta de Díaz fue ordenar su exilio al extranjero; entonces el gozo se comenzó a ir al pozo; la decepción que esto produjo en los ciudadanos fue el catalizador para que surgiera la figura de Francisco Ignacio Madero González, quien tomó las riendas de la oposición nacional.

Tercer evento en donde ya no quedó ninguna duda de que Porfirio Díaz no tenía la menor intención de cumplir con lo dicho, fue en las elecciones para Gobernador en los Estados de Coahuila y Morelos; en Coahuila impuso por su voluntad como Gobernador al General José Venustiano Carranza de la Garza, mientras que en Morelos impuso a Manuel Alarcón, quien solo gobernó quince días, pues murió de un infarto, por lo que Díaz impuso en su lugar al General Pablo Escandón Barrón.

La gallera se alebrestó en serio cuando en 1910 Porfirio Díaz anunció su candidatura para las elecciones que cubrirían el período 1910 – 1916, ordenó encarcelar a Francisco I. Madero, principal opositor en quien estaban puestas las simpatías del pueblo mexicano y “arrasó” con un monumental fraude electoral, reeligiéndose una vez más; la población ya no toleró este engaño de Díaz y detonó el inicio de la Revolución Mexicana el 14 de noviembre de 1910 en Cuchillo Parado, Mpio. Coyame, Chihuahua con el levantamiento armado de Toribio Ortega, secundado inmediatamente en la región de la Alta y Baja Babícora en Chihuahua, por Francisco Villa, Abraham González y Pascual Orozco.

A final de cuentas, cumpliendo con estas declaraciones, Porfirio Díaz pudo haber evitado la Revolución Mexicana; al incumplir sus dichos, provocó la ira de la población mexicana, en especial de los sectores más desprotegidos que ya no le perdonaron más desplantes a Porfirio y se fueron a las armas; en las manos de Porfirio estuvo el haber evitado el conflicto y en sus manos estuvo el haberlo provocado; tomó su decisión y la Historia nos da cuenta de que el conflicto que provocó, causó la muerte de 1,200,000 mexicanos, causó hambrunas y enfermedades que acompañaron a esta guerra entre mexicanos, cuya duración fue de diez años 1910-1920.

Una vez finalizada la revolución y disipados los polvos de las caballerías, los estruendos de la artillería y los olores de la pólvora de la metralla y la sangre, nos dimos cuenta de que en la política mexicana quedaron estampadas dos marcas registradas de Don Porfirio Díaz, marcas que no existían en nuestra política anterior y son la demagogia y la simulación.

Simplificando los términos, la demagogia consiste en engañar al pueblo diciéndole lo que quiere y desea escuchar, para que, a través de la simulación, aparentar que se siguen los procesos democráticos, legales y de participación ciudadana, para que al final todo quede exactamente como convenga a los intereses políticos.

Para finalizar, una frase de Porfirio, que hoy más que nunca está vigente, cada uno saque una conclusión de ella y aplíquela a aquellos mexicanos que consideren encuadran en dicha frase.

“Los tontos están acostumbrados a guiarse por aquellos que tienen autoridad, en vez de pensar por sí mismos” – General José de la Cruz Porfirio Díaz Mori, Presidente de México.

Referencias Bibliográficas:

+ barriozona.com

+ axis.te.gob.mx

+ inehrm.gob.mx

+ facebook/inehrm

+ historiografiamexicana.com

+ mexicodesconocido.com.mx

+ memoriapoliticademexico.org

+ infobae.com/mexico

+ historiacultural.com