JIRONES DE NUESTRA HISTORIA
SEPTIEMBRE, EL MES DE LA PATRIA: LA HISTORIA DE LOS NOMBRES DE NUESTRO PAÍS
Por: José Luis JARAMILLO VELA
El Mes Patrio
DELICIAS CHIH.- Entramos al mes de septiembre, que para nosotros los mexicanos tradicionalmente lo celebramos como “El Mes de la Patria”, en este espacio de Jirones de Nuestra Historia, como cada año, lo celebramos destacando temas referentes a la Patria y hoy no es la excepción, vamos a tratar el tema de los nombres que hemos tenido a lo largo de la historia, incluso mucho antes de que naciéramos como país; los nombres con los que ha sido conocido nuestro territorio aún antes de la llegada de los españoles y aún antes de ser una nación libre y soberana.
Los invito a que me acompañen a este viaje en la historia para que conozcamos la transformación de los nombres que ha tenido nuestro territorio, verán qué interesante.
La época prehispánica, nuestro primer nombre: Anáhuac
Cuando las tribus aztecas o mexicas llegaron al Lago de Texcoco, que fue el lugar en donde encontraron el águila posada sobre un nopal con una serpiente entre sus garras, sitio en donde su dios Huitzilopochtli les había señalado como el lugar en donde debían asentarse, establecieron su territorio y comenzaron a expandirse, a colonizar y a conquistar territorios de otras tribus. Muy pronto los mexicas lograron imponer su hegemonía y expandieron su territorio con capital en Tenochtitlán, que se erigió como el centro de poder del imperio.
Los aztecas extendieron su dominio sobre lo que hoy es el centro del país, los Estados de México, Puebla, Tlaxcala, Morelos, Querétaro, Guerrero, Veracruz, parte de Hidalgo, parte de Michoacán y parte de Oaxaca; las tribus sometidas en este inmenso territorio se vieron obligadas a otorgar tributos y rentas al Huey Tlatoani azteca; otras tribus como los chichimecas que eran muy bravos y beligerantes, se vieron en la necesidad de abandonar sus dominios e irse hacia el norte, no por falta de valor, sino porque los aztecas eran muy superiores en número y en organización militar, por lo que se vieron avasallados y decidieron moverse antes que someterse a los aztecas; otras tribus como los Acolhua de Texcoco y los Tepaneca de Tlacopan (Tacuba), a las que los aztecas no pudieron derrotar, con ellas formaron el pacto de la Triple Alianza, para poder gobernar el vasto “altépetl” o señorío.
Los dominios del Señorío Azteca llegaban hasta el Golfo de México al Este y hasta el Océano Atlántico al Oeste, de ahí surgió el primer nombre para esta extensión territorial, las tribus sometidas y avasalladas que debían llevar sus tributos hasta Tenochtitlán, comenzaron a llamarle “Cem Anáhuac”, que significa “la totalidad de lo que está rodeado de agua”. Entonces, “Cem Anáhuac” es el primer nombre que conocemos, aunque es preciso aclarar que todavía ni éramos un país, ni abarcaba a todo el territorio actual, sin embargo, era un enorme señorío, el más grande y donde se inició nuestra mexicanidad, por eso la Historia lo refiere como nuestro primer nombre: Cem Anáhuac o Anáhuac.

Llegan los españoles, nuestro segundo nombre: Imperio Azteca
A la llegada de Hernán Cortés y los españoles, ellos no sabían ni tenían la menor idea de en donde se encontraban ni a qué lugar habían llegado; entran en contacto con los Totonacas de Zempoala, o Zempoaltecas, una tribu hasta cierto punto “amigable” pues los recibió muy bien; a través del Cacique Xicomecóatl se enteran de la situación imperante en el Cem Anáhuac o en el Anáhuac simplemente. A medida que Cortés y los españoles se van internando en el territorio, van enfrentando tribus, algunas más belicosas que otras, todas ellas dominadas por los aztecas; también Cortés se va dando cuenta del enorme territorio bajo la hegemonía mexica, entonces Cortés viendo lo vasto del imperio decide llamarlo “Imperio Azteca”, como una referencia de en donde se encontraban, tal y como quedó plasmado en las historias de Bernal Díaz del Castillo, quien llevaba por escrito todo lo que sucedía a la expedición de Cortés.
En el caso de la capital del imperio, ésta era Tenochtitlán (en honor a Tenoch, fundador de la tribu mexica), sin embargo, los españoles al llegar y ver la imponente ciudad, ellos escuchaban que los aztecas se referían también a ella como Metzinco (lugar del origen del maguey), entonces la llamaron Metzico Tenochtitlán, que después se deformó a México Tenochtitlán, cuya palabra no tiene nada que ver con la verdadera palabra México, que veremos al final de la historia..
La Historia Oficial Mexicana tomó el nombre de las Crónicas de Bernal Díaz del Castillo y de Fray Toribio de Benavente, para introducirlo en los libros de texto escolares de todos los niveles, quedando registrado nuestro segundo nombre: Imperio Azteca.
La Corona Española interviene, nuestro tercer nombre: Nueva España
En 1525, una vez asentada ya la conquista, la Corona Española nombra a Hernán Cortés de Monroy y Pizarro Altamirano como Capitán General de los nuevos territorios conquistados, con capital en México Tenochtitlán, cuyo nombre fue cambiado por el de Ciudad de México; según la tradición europea de aquella época, a los territorios descubiertos y/o conquistados, se les añadía la palabra “Nueva”, al nombre de la región conquistada, como por ejemplo, la Nueva Francia, la Nueva Amsterdam, la Nueva Inglaterra, así es que se le ordenó entonces a Hernán Cortés utilizar el nuevo nombre: La Nueva España.
En la medida que los españoles se introducían dentro de los nuevos territorios, se daban cuenta de la inmensidad del territorio conquistado, por lo que informaban a la Corona Española no solo de los avances en territorio, sino también en la fundación de nuevos poblados y el encuentro con nativos hostiles; entonces en España se dieron cuenta de la magnitud y la inmensidad de su nuevo territorio, se dieron a la tarea de crear una estructura y organización para gobernar, administrar, evangelizar y retener bajo su dominio esos territorios recién descubiertos. De esa manera, en 1535 el Rey Carlos I establece de manera oficial “El Reino de la Nueva España”, con capital en la Ciudad de México, enviando al primer Virrey Don Antonio de Mendoza y Pacheco, Conde de Tendilla, I Marqués de Mondéjar, Caballero de Santiago y Comendador de Socuéllamos, con la misión de establecer la religión católica en el territorio, evangelizar y gobernar a todos quienes residan en el Virreinato, así como evitar la pérdida de territorio y buscar nuevas conquistas.
La tarea era monumental, pues el nuevo Reino de la Nueva España comprendía a todo el actual territorio de México, más de la mitad del actual territorio de Estados Unidos, toda Centroamérica, las Islas de Cuba, Puerto Rico, Dominicana y el 60% del Caribe, así como el Archipiélago de las Filipinas; en todos esos territorios debía predominar la lengua y la cultura española y la religión católica.
De esta manera surge nuestro tercer nombre: Reino de la Nueva España o Nueva España.
Guerra de Independencia; Congreso de Chilpancingo, nuestro cuarto nombre: América Mexicana
En 1810 inicia la Guerra por la Independencia, fueron once años en los cuales el nombre de Nueva España comenzó a diluirse, a medida que avanzaba el Movimiento Insurgente, el nombre de Nueva España se iba difuminando en el horizonte; los Virreyes ya no gobernaban con el mismo ímpetu y los nuevos Virreyes designados en España, ya no deseaban venir a hacerse cargo de un Reino convulsionado; poco a poco la Nueva España fue siendo “abandonada” por la Corona Española; el único que seguía defendiendo con toda bravura a la Nueva España era el General Félix María Calleja del Rey, quien en 1813 es nombrado Virrey, pues en España ya nadie quería venir.
En 1813, la fuerza del Movimiento Insurgente ya contaba 10 mil soldados, además había prendido muy fuerte entre novohispanos y criollos, habían conquistado prácticamente a toda la sociedad, excepto a los españoles originarios; los insurgentes, comandados por el Cura José María Morelos y los Generales Nicolás Bravo, Ignacio López Rayón y Hermenegildo Galeana, forman en 1813 un Gobierno Paralelo al del Virrey, a través del Congreso del Anáhuac, celebrado en Chilpancingo; en 1814, se redacta y firma la Constitución de Apatzingán, en la que aparece nuestro cuarto nombre: América Mexicana, que será nuestro nombre, defendido por el Movimiento Insurgente hasta 1819.
Así surgió nuestro cuarto nombre: América Mexicana.
Se va Calleja y se desinfla el Reino; surge nuestro quinto nombre: América Septentrional
En 1816, el Rey Fernando VII retira a Calleja para condecorarlo por todos sus servicios a la Corona Española; le otorgó el Título de Conde de Calderón, así como la Gran Cruz de Isabel la Católica y la Cruz de San Hermenegildo; también Comandante Militar de Cádiz y Gobernador de Andalucía. En su lugar llega quien sería el último Virrey de la Nueva España, Juan José Ruiz de Apodaca y Eliza, a quien le tocó el momento más turbulento de la Guerra de Independencia.
Ruiz de Apodaca venía no con la lealtad a la Corona Española, sino con la mira puesta en sus propios intereses personales; llegó con la política del indulto a los insurgentes que depusieran las armas, pero arreció contra los rebeldes, desconoció la Constitución de Cádiz y pretendió amurallar la Ciudad de México; es entonces que se le rebela su Jefe Militar Agustín de Iturbide, quien aunque era criollo, siempre militó en el Ejército Realista; Iturbide se alía con Vicente Guerrero y forman el Ejército Trigarante. Ruiz de Apodaca sería el último Virrey español.
En 1820, Agustín de Iturbide lanza el truculento Plan de Iguala, en el que Iturbide proclama la independencia de la República de América Septentrional, término geopolítico que Iturbide utilizó para conformar esta república que abarcaba más de la mitad del actual Estados Unidos, el México actual y toda Centroamérica y sus islas, islotes y archipiélagos.
En 1821, bajo el apoyo del Ejército Trigarante, la República de América Septentrional obtiene su independencia de la Corona Española. De esta manera obtuvimos nuestro quinto nombre: República de América Septentrional, o América Septentrional, nombre que nos duró muy poco, pero bajo ese nombre obtuvimos nuestra independencia.
Agustín de Iturbide asalta el poder, surge nuestro sexto nombre: Imperio Mexicano
Al triunfo de la insurgencia, ya no existía un Virrey, el último fue Juan Ruiz de Apodaca; en vez de ello, España envió a un Jefe Político en la persona de Don Juan de O´Donojú para negociar con la insurgencia; astutamente Iturbide negocia con él, anteponiendo una claúsula del Plan de Iguala que estipulaba que el país se constituiría en una monarquía, cuya corona se ofrecería al Rey Fernando VII, sabiendo Iturbide que España rechazaría el ofrecimiento, por no convenirle en lo general, persuade a O´Donojú de firmar los Tratados de Córdoba y se erige como Emperador del nuevo Imperio Mexicano.
Para darse “legitimidad”, Iturbide manipuló al Congreso para que lo votaran como nuevo Emperador, bajo una “Monarquía Constitucional Moderada”, que además de constitucional, sería hereditaria a sus hijos, a quienes se les deberá de llamar “Príncipes” y/o “Princesas”, su esposa deberá ser tratada como “Emperatriz”; mientras que a él se le deberá tratas como “Su Majestad Agustín I”; en lo referente a nuestro territorio, deberá mencionarse como “Imperio Mexicano”. Posteriormente Su Majestad Agustín I de Iturbide procedió a ser coronado como Emperador Constitucional de México.
Así, de esta forma obtuvimos nuestro sexto nombre: Imperio Mexicano; el cual fue un verdadero desastre que obligó a Iturbide a abdicar al trono, el 19 de marzo de 1823.
Junta Provisional de Gobierno y nuestro séptimo nombre: Nación Mexicana
La Junta Provisional de Gobierno, encargada de limpiar el desastre de Iturbide y conformar un verdadero congreso, duró poco más de un año, lapso en el que para uso de sus funciones adoptó el nombre de: Nación Mexicana.
1824, primera Constitución, primer Presidente y nuestro octavo nombre: Estados Unidos Mexicanos
Tras la caída del frustrado e impopular Imperio Mexicano, se formó una Junta de Gobierno Provisional que convocaría a formar un Congreso Constituyente que redactara nuestra primera Constitución Política y se encargara de elegir a nuestro primer Presidente. Dicha Constitución se llamó Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos; aquí entramos en una nueva etapa, más moderna y acorde a los tiempos y a nuestras circunstancias; se trata de una República Federada, constituida por Entidades Federativas y bajo un nuevo nombre: Estados Unidos Mexicanos, nombre que no a todos gustó por parecer una copia del de Estados Unidos de América y por no contar con suficientes Estados debidamente constituidos, sin embargo, fue bien recibido y aceptado.
Así surgió nuestro octavo nombre: Estados Unidos Mexicanos, junto con nuestra primera Constitución oficial.
Llega Santa Anna, un absoluto desastre y nuestro noveno nombre: República Mexicana
En 1833 se inicia el gobierno del pomadoso, excéntrico y egocéntrico General Antonio López de Santa Anna, quien, de manera inconstitucional y anticonstitucional, en 1836 establece un gobierno centralista, aunque se siguió operando bajo la Constitución de 1824, Santa Anna desconoció el nombre constitucional de Estados Unidos Mexicanos y lo cambió por el de República Mexicana, tal y como se hacía constar en toda la papelería, sellos y actos de su gobierno. En 1857 se reforma la Constitución Mexicana y asume la Presidencia de la República el Licenciado Benito Juárez García, en la que se ratifica el nombre oficial de nuestro país como la República Mexicana, nombre que duró hasta 1864.
Así surgió nuestro noveno nombre: República Mexicana.
Maximiliano y los conservadores, nuestro décimo nombre: Segundo Imperio Mexicano
En 1864, un grupo de ultraconservadores mexicanos le ofrecen a Maximiliano de Habsburgo el trono de México y éste gustoso se deja querer y acepta ser coronado como Maximiliano I de Habsburgo-Lothringen, Segundo Emperador de México, haciéndose llamar como Su Alteza Imperial y ordenando cambiar el nombre de nuestro país por el de Segundo Imperio Mexicano.
Durante el Imperio de Maximiliano, que duró tres años, operó de manera clandestina el Gobierno Itinerante de Benito Juárez, al que ni Maximiliano ni los franceses pudieron acabar ni derrotar; Juárez llevaba consigo al gobierno de la República Mexicana, sin embargo, el nombre oficial de nuestro país ya era Segundo Imperio Mexicano.
Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, otro cambio, decimo primer nombre; República Mexicana
En 1867 es derrocado y fusilado Maximiliano, cae el imperio y Benito Juárez retoma el control del Gobierno Federal, por lo que en su primer acto vuelve a cambiar el nombre oficial de nuestro país por el de República Mexicana, tal y como estaba establecido en la Constitución vigente; nuestro nombre oficial se mantuvo durante el gobierno del Presidente, Licenciado Sebastián Lerdo de Tejada.
A la llegada del Presidente, General Porfirio Díaz, éste también mantuvo el nombre oficial de nuestro país como República Mexicana; a Don Porfirio, quien nunca fue proclive a dar entrevistas, se le preguntó en una ocasión por un posible cambio de nombre a nuestro país, la respuesta de Porfirio fue inmediata, clara y contundente: “¡En muchas batallas contra los franceses puse en riesgo mi vida en la defensa de la República Mexicana, así es que no vuelva a hacerme esa pregunta!”
Nuestro décimo primer nombre oficial como República Mexicana se mantuvo hasta 1917.
Carranza, la Constitución de 1917 y nuestro décimo segundo nombre: Estados Unidos Mexicanos
En 1917, el Presidente, General José Venustiano Carranza de la Garza promovió ante el Congreso una nueva y moderna Constitución Política, en la propuesta, Carranza propone que nuestro país vuelva a llamarse de manera oficial Estados Unidos Mexicanos; este nombre apareció por primera vez en la Constitución de 1824, no funcionó debido a que para ser un país federado, se requieren Entidades Federativas o Estados y en aquellas épocas había muy pocos Estados debidamente constituidos como para soportar una federación.
En 1917, aún en plena Revolución Mexicana, ya estaban debidamente constituidos casi todos los Estados, por lo que sí era viable el nombre de Estados Unidos Mexicanos, la Revolución entraba ya en su última etapa, en la que los diferentes bandos ya lo que menos deseaban era pelear, sino negociar y alcanzar acuerdos, por lo que el nombre parecía el más adecuado de acuerdo al futuro que se proyectaba en la visión política de Venustiano Carranza.
El 5 de febrero de 1917 es promulgada la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, la primera en el mundo en incluir derechos sociales como el derecho a la educación, al trabajo y a la tierra, al recoger demandas de los diferentes grupos revolucionarios; estableció la no reelección presidencial y declaró la propiedad de la nación sobre tierras y aguas nacionales; ha sido reformada en diversas ocasiones, pero continúa siendo un referente internacional. Es la Carta Magna vigente en el país y establece orgullosamente nuestro actual nombre oficial: Estados Unidos Mexicanos.
Intentos fallidos por volver a modificar el nombre de nuestro país
+ El ex Presidente Felipe Calderón Hinojosa propuso en dos ocasiones el cambio de nombre a nuestro país, para llamarse solamente México, la primera fue en el año 2003, siendo Diputado Federal, la segunda fue en noviembre de 2012 ya siendo Presidente de la República; en ambas ocasiones, Calderón argumentó que el nombre de Estados Unidos Mexicanos era una copia y una imitación de los Estados Unidos de América y que nuestro país no necesitaba de copiar su nombre. Argumentó también, que el nombre México a secas reflejaba mejor la identidad, la cultura y el orgullo nacional, ya que nadie usa el nombre tan largo en la vida cotidiana.
En ambas ocasiones, la iniciativa de Felipe Calderón fue rechazada en el Congreso, los Diputados de los partidos de izquierda la consideraron como “una ocurrencia de un Diputado que no puede presentar iniciativas serias”; mientras que otros Diputados consideraron los altos costos administrativos, políticos y diplomáticos que esto traería, por lo que sus iniciativas no prosperaron, fueron rechazadas.
+ En el año 2020, el Diputado Federal por el Partido Morena, Juan Martínez Flores presentó una iniciativa para cambiar el nombre de nuestro país a solo México, argumentando lo mismo que en el pasado había propuesto Felipe Calderón, sin embargo, el Diputado Martínez Flores cometió un error garrafal en su argumentación, al decir que “México ya no será más una República Federal, por lo que deberá cambiar su nombre como lo han hecho ya otros países latinoamericanos”, haciendo una clara referencia a Bolivia y Venezuela sin mencionarlos; esto prendió la mecha en el Congreso, en la oposición y en la opinión pública nacional, pues se asomaban las intenciones de disolver el Pacto Federal y llevar a nuestro país a gobiernos autoritarios como los de esos países.
Como mayoría en el Congreso, los diputados de Morena fácilmente pudieron haber votado la iniciativa y haber cambiado el nombre de nuestro país, pero no lo hicieron; para calmar las aguas, su líder supremo ordenó desde Palacio Nacional desechar la iniciativa, ante el error del Diputado Juan Martínez Flores.
+ En el año 2025, la Diputada Kenia López Rabadán, del Partido Acción Nacional vuelve a subir a tribuna una iniciativa para cambiar el nombre a solamente México; en su argumentación, la Diputada Kenia López expone que “Este cambio no altera nuestra forma de gobierno, ni nuestro sistema federal, lo que sí hace, es fortalecer nuestra identidad nacional, simplificar documentos y alinear nuestra denominación con el uso internacional”, ésta última frase fue la que hizo ruido a los Diputados de Morena, cuyos representantes dijeron que nos pretendían alinear con los intereses de Estados Unidos y la ONU, por lo que la iniciativa no prosperó.´
+ Es posible que a estos Diputados que han propuesto el cambio de nombre a solamente México les asista la razón, pues a final de cuentas, en todo el mundo somos conocidos como México, nosotros mismos así nos referimos a nuestro país; sin embargo, la desconfianza y la rivalidad imperante en nuestras diversas fuerzas políticas ha frenado dichas iniciativas. Todos estos nombres que ha tenido nuestro país, algunos oficiales, otros no, pero todos ellos utilizados y usados en su tiempo, reflejan la inestabilidad política y social por la que ha atravesado nuestro país a lo largo de su historia, para finalmente ser conocidos y nombrados por todo el mundo como México.
+ México, del náhuatl Metztli (luna); Xictli (centro u ombligo) y el locativo Co (lugar), con pronunciación Meztxitlico, por deformación al castellano: México, nuestro país, nuestro hogar, del que debemos estar orgullosos y poner cada uno nuestro granito de arena para sacarlo del bache en el que malos mexicanos nos han metido. Y…. ¡¡Que viva México!!
Referencias bibliográficas:
+ mexicodesconocido.com.mx
+ infobae.com
+ museodelasculturas.mx
+ Facebook.com
+ plumasatomicas.com
+ tvazteca.com
+ bicentenario.scjn.gob.mx
+ www.gob.mx/defensa/documentos
+ es.wikipedia.org


