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Jesuitas, tres meses sin ellos / Ahora sufren espionaje, ¿Y Chueco? / Nacomenudeo en Cobach / Se nos perdió Maru, otra vez

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ESTE DÍA se cumplen tres meses del asesinato de los sacerdotes jesuitas y guía turístico, ocurrido en el interior de la iglesia de Cerocahi, Joaquín Mora Salazar, Javier Campos Morales y Pedro Palma; nada ha sucedido.

Así sería el triste resumen que hace la Iglesia Católica y la sociedad chihuahuense.  Hay decenas si no es que cientos de policías, militares y personal de la Guardia Nacional persiguiendo a El Chueco, sin que haya manera de ubicarlo y mucho menos detenerlo.

Hay desencanto y enojo por parte de la orden de los jesuitas y de la Iglesia Católica; los crímenes no pueden quedar en la impunidad, ni el de los curas ni los del resto.

Las condiciones de inseguridad y violencia en la sierra son realmente preocupantes, nada nuevo, pero ahora se han diversificado hacia el sector minero y forestal, más los levantones, desapariciones y desplazamiento forzado.

Eso y más denunciaron los jesuitas asesinados; los religiosos en la sierra tarahumara lo siguen haciendo y eso molesta e incomoda a la autoridad y a los otros, los de los abrazos.

La nueva denuncia de los jesuitas va ahora en sentido de que la milicia está realizando labores de espionaje en su contra. Monitorean y auditan al Centro de Derechos Humanos “Miguel Agustín Pro Juárez”, fundado en los tiempos de las Comunidades de Base, no exprofeso para dar seguimiento del asesinato de los sacerdotes.

En el reciente hackeo a la Sedena, quedó en claro que esta agrupación integrada por religiosos y seglares, los militares lo han clasificado como “grupo de presión”.

Evidentemente la “clasificación” no fue grata para la Iglesia Católica, mucho menos para la Compañía de Jesús, pues consideran que deberían estar en persecución de El Chueco y de los grupos del crimen organizado que pululan en la región, porque dicho por el clero, ellos sólo reciben abrazos y los buenos balazos.

DESDE que retornaron los gobiernos panistas a la entidad, los colegios de bachilleres, se han caracterizados por ir en plena decadencia.

Coincidencia o no, la realidad lo demuestra: está lejos de ser la mejor y prestigiada institución de hace algunos ayeres.

La anterior directora, Teresa Ortuño Gurza, mantuvo una fricción innecesaria en contra con el alumnado y los padres de familia, por sus extremismos ideológicos, los que provocaron flagrantes violaciones a los derechos humanos.

Demasiado protagonismo que la llevó a enfrentar al sindicato del Cobach, eso sí beneficio a los suyos con grandes salarios y les pagó consultorías millonarias; desvió en apariencia, recursos federales y estales, las denuncias ahí están.

En el regreso a clases de este año, se intentó  imponer un uniforme con un costo de tres mil 700 pesos, lo que ocasionó el despido del director general, Marco Licón. El negoció fue tan evidente como cautivo.

Llegó el nuevo con Reyes Humberto de las Casas (Jr.) y prácticamente fue recibido con una denuncia de violencia sexual por una alumna del plante tres de Colegio de Bachilleres, caso que está en el limbo, sino es que en el purgatorio.

Por su no hubiese suficiente complejidad, se ha hecho del conocimiento público que tres alumnos fueron expulsados por realizar narcomenudeo en el interior, lo que faltaba. Cuánto resistirá la institución, no lo sabemos.

SEGURAMENTE la gobernadora Maru Campos, debe estar preparando maletas para su próximo viaje a Washington, invitada por la embajada de México para el festejo o conmemoración del Día de Muertos.

Chihuahua tendrá su altar de muertos en la embajada. De hecho el más caro de la historia, sin que haya beneficio para Chihuahua y menos para sus habitantes.

Viajará con Luis Serrato, María Angélica Granados y algunos funcionarios de menor nivel.

Seguramente serán muchas maletas las que prepara, tanto  que desde el jueves pasado, no se ha dejado ver en actividades propias de su encargo, ni en otras.

Saldría hacia los Estados Unidos al finalizar el presente mes; ojalá y cuando retorne comparta sus experiencia y logros en el extranjero; difícil, de eso no habla. Por algo será.