Por José Luis JÁQUEZ BALDERRAMA
CHIHUAHUA CHIH.- El fenómeno de estandarización de la oferta política en América, no significa que ésta adquiera una mayor “consistencia”, más bien lo que se enfrenta es un proceso de dispersión ideológica.
Lo anterior, derivada a su vez de la pérdida de confianza hacia los representantes de los partidos, lo que ha motivado al surgimiento o reforzamiento, en algunos casos, del populismo, neopopulismo y la dictadura.
Los partidos políticos, sobre todo los vinculados directamente al ejercicio del poder, tuvieron “cooptación social”, bajo diversas estructuras corporativas.
Las promesas incumplidas en las campañas, el control corporativo, los fundamentos ideológicos que dieron vida a estructuras partidarias, son objeto de críticas constantes de la sociedad, es más son parte de los ataques de los políticos que están o pretenden llegar al poder, como ocurre en el proceso para el 2027 en México.
Aunque la crisis económica de la mayoría de los países de América,es tema de fuertes cuestionamientos y parte del discurso de los llamados “populistas” o “neopopulistas”, que al llegar al poder empeoraron la situación económica, ahí está el caso de Venezuela. Destruyen las instituciones.
El término “populismo” ha sido empleado indistintamente para definir o para caracterizar ciertos movimientos de masas e ideologías políticas, específicamente latinoamericanos.
Se usa con sentido “peyorativo”, como una forma de deslegitimar el adversario en términos políticos o morales.
El “populismo” connota casi siempre manipulación y retórica, como sucedió en México con Luis Echeverría,José López Portillo; en Cuba con Fidel Castro y Venezuela con Hugo Chávez y Nicolas Maduro; en Bolivia, con Evo Morales. Temas que también utilizó sistemáticamente Andrés Manuel López Obrador.
El populista proclama la voluntad de la gente; culpa a los anteriores gobernantes de las crisis; promete esperanza; se cree ungido y “llamado por el pueblo”.
Los partidos políticos han tenido una gran responsabilidad, precisamente porque no entendieron la profundidad de su “aislamiento” con la sociedad. No hicieron mucho por reconstruir sus vínculos con los electores, ni modificar sus comportamientos e intentar, incluso, democratizar sus estructuras, más bien es de división, como está sucediendo en la mayoría de los partidos de México.

