TAL Y COMO se calculó, llegó la respuesta a Donald Trump desde la mañanera, luego de la nefastа exhibición ante la ONU, donde el presidente estadounidense colocó a México como epicentro de los cárteles de las drogas y habló del riesgo que representa tener como vecino a un país con una frontera común de más de tres mil kilómetros.
La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue confusa, pero además muy tibia. Dejó pasar las afirmaciones sin por lo menos negarlas y, de paso, dejó de lado el recurrente discurso de la soberanía, el no injerencismo, el protectorado y la buena coordinación entre ambos países.
Pegó fuerte al régimen el dicho de Trump. La presidenta, ni siquiera a través de los canales diplomáticos, mostró capacidad de respuesta, seguramente porque saben que la exhibición no fue de gratis. Estados Unidos tiene información en exceso sobre políticos mexicanos vinculados al narcotráfico, muchos de ellos incrustados en el actual gobierno federal y en algunos estados.
La presidenta se concretó a decir que “no lo voy a decir”, pero que es incómodo vivir cerca de un país armamentista que tiene un alto consumo de drogas. No lo va a decir, pero lo dijo. Entonces, mejor no lo diga o bien hágalo, porque ese “sí, pero no” termina por no decir absolutamente nada.
“No decirlo” porque existe una buena relación con Estados Unidos no justifica nada; más bien se interpretó como una eventualidad para evitar darle un piquete de ojos al presidente del vecino país o, simplemente, para no seguir pegándole al avispero.
Sheinbaum seguramente entendió que la exhibición de México y de su gobierno, no de los mexicanos, fue un aviso al mundo de que podría venir una intervención en contra de los cárteles de la droga y de los llamados narcopolíticos, algunos encumbrados en gobiernos, cámaras de diputados y senadores y hasta en algunas alcaldías.
El mensaje de Trump fue una alerta que, evidentemente, no necesitaba permiso, sino solamente avisar de lo que está ocurriendo en México y de la posibilidad de entrar por tierra y aire en contra de estos grupos delictivos.
Fue un dicho con mucho fondo, más profundo que cualquier océano. A Trump le urge actuar; las elecciones intermedias en Estados Unidos serán el 2 de noviembre y, por lo pronto, ya veremos hasta dónde llega este mensaje.
EL CABILDO de Chihuahua aprobó por mayoría la venta de una cuadra de la calle Bustamante, en la colonia Altavista, a la empresa de los Mares, propietaria de Alsuper y otros negocios.
Con excepción de dos de los tres regidores de Morena, el resto de los integrantes del Ayuntamiento votaron a favor de la venta del tramo de calle, donde se desarrollará una macroplaza comercial y Alsuper será la tienda ancla.
Los regidores de Morena, Hugo González y Helena Rojo, votaron en contra bajo el argumento de que las calles no se venden. Sin embargo, llamó la atención que el otro regidor, Miguel Riggs, no se presentó a la sesión, pese a que anteriormente, en comisión, había votado en contra.
La calle, que prácticamente era utilizada para el ingreso a Alsuper y a una mueblería, también propiedad del grupo empresarial, se venderá en 18.3 millones de pesos a valor comercial. Los recursos, de acuerdo con lo aprobado, serán destinados al tema de movilidad en la capital.
SI NO HAY hay broncas de último momento, este día se reapertura la frontera por Santa Teresa, Nuevo México, para recibir las primeras 800 reses provenientes del estado de Chihuahua.
Después de casi dos años y de pérdidas calculadas en mil millones de pesos, la frontera comienza a reabrirse y, de manera paulatina, el número de reses en pie irá incrementándose hasta alcanzar un promedio de tres mil animales por día.
Son recursos que dejaron de recibir los productores ganaderos, pero también dinero que no circuló en Chihuahua dentro de esa economía circular que genera la exportación de ganado.
Como ya se conoce, el cierre de la frontera fue provocado por la presencia del gusano barrenador en México, una plaga que llegó desde Centroamérica y cuyo avance puso nuevamente sobre la mesa los problemas relacionados con los controles sanitarios y las aduanas.
Ahora el ganado chihuahuense vuelve al sur de Estados Unidos bajo el reto de erradicar el gusano barrenador en el estado, una tarea que podría extenderse durante los próximos cinco años.
La reapertura es, sin duda, una bocanada de oxígeno para los ganaderos, pero también representa un recordatorio: perder el mercado estadounidense durante casi dos años no solamente significó dejar de vender ganado; significó sacar de circulación cientos de millones de pesos que dejaban de moverse entre productores, transportistas, engordadores, proveedores y toda la cadena económica vinculada al sector ganadero.
